martes, 22 de septiembre de 2015

El péndulo mágico

Había una vez un péndulo mágico que decía mentiras, hasta que un día dijo la verdad. Después todos querían usarlo, colgárselo de arete o lucirlo en un collar, colgárselo en los cinturones y a veces de las agujetas de los zapatos. Entonces, todos quienes lo usaron se volvieron reales; aunque el péndulo nunca existió.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Tú

He recorrido los bosques de tu cabello durante tormenta, bajo la lluvia, en días soleados, por debajo de las nubes.
Hemos bailado juntas sobre la sábana aterciopelada de tu piel. Y que maravilloso ha sido bailar. Porque moverse al mismo ritmo es caer bajo un hechizo.
A veces me he perdido en tus labios, en tus palabras cuando hablas, no se lo que dices, sólo te observo.
Una vez me sorprendí al escuchar tu voz de tan cerca, fue la primera vez que entendí la dulzura.
He tratado de nadar entre lágrimas y casi me ahogo la última vez. Nunca he aprendido a nadar.
Recuerdo tus caricias. Aquella tarde en que corrimos por la arena, que corriste sobre mí, sobre la arena de mis piernas. Y sabes. Que bella eres. Toda tú. 
Soñé que me deslizaba como un hada por la curva de tus hombros y recorría también las líneas de tu sonrisa.
Después me perdí. No encontré salida después de entrar en tus ojos.

martes, 23 de junio de 2015

El idioma de las vacas


Yo soy una vaca, vivo en un corral, pero no siempre he vivido aquí, cuando era pequeña mi mamá siempre me dijo que yo era alguien importante, me dijo: tu cambiarás al mundo; y yo me ponía toda emocionada y felíz.
Los días eran todos iguales, me traían el agua y salía a veces a pastar con mis demás compañeras vacas.
En ocasiones cuando regresábamos de pastar ya no las volvía a ver. Dicen que se mueren, se sacrifican por los humanos, me comentaba Muu, pero yo creo que no era un sacrificio sino un asesinato.
Un día un chico nuevo entró a trabajar, era muy callado, nunca hablaba con sus demás compañeros y siempre tenía una cara larga. Nos cuidaba y a veces se ponía a cantar. Un día cuando se le cayó el agua del contenedor yo le dije: Mierda! (pues no me gusta mojarme las patas). A lo que el respondió: Disculpa, ¡pero no tienes que ser tan grosera!.
El muchacho me podía entender, y a todas las demás también. Por eso nunca hablaba con nadie de los humanos, porque el sólo hablaba el idioma de las vacas.
Un día el se acercó a mí y me dijo: Vaca, yo sé que tu eres especial, eres sagrada, pero las demás no lo saben. Tengo que sacarte de aquí antes de que te maten. Esto es lo que haremos...