miércoles, 4 de febrero de 2015

La salchicha prófuga

Había una vez una salchicha mujer que comía mientras escapaba de la justicia. En el camino, conoció a un salchichón del cual se enamoró. Después de unos años tuvieron hijos salchichas, dos para ser exactos. Se mudaron a otro país e iniciaron una nueva vida. Todo iba bien, hasta que un día, una de las salchichitas se le escapó a la mujer salchicha, mientras paseaban por el centro de la ciudad. Ese pequeño travieso estuvo cerca de la muerte, pues lo hubiesen atropellado a no ser que la mujer detuviera el tráfico con sus gritos. Sin embargo, en su intento por salvar al chiquitín, un coche golpeó a la salchicha mamá en la pierna, quien súbitamente cayó al suelo sin reaccionar. El salchichón y las salchichitas esperaban nerviosos al doctor en un pasillo del hospital. Entonces el doctor se acercó y les dijo: Me temo que salchicha falleció, le encontramos el corazón en una de sus piernas. Su corazón se detuvo tras el fuerte golpe y ya no hay nada que podamos hacer. Lo siento mucho. El salchichón, triste, salió del hospital. No sin antes abrigar a sus salchichitas con bimbollos. Al llegar a la casa el salchichón no tuvo más remedio que beber. El alcohol le hacía olvidar sus penas. Y la casa le recordaba bastante a salchicha, pero no podía irse, porque los pequeños estaban ahí.

martes, 3 de febrero de 2015

El niño que era alérgico a la arena

Había una vez un niño raro que usaba lentes grandes y cabello largo, le gustaba la playa, pero era alérgico a la arena. Entonces su mamá le ponía una alberca en el patio de su casa, donde los árboles de aguacate le parecían dos palmeras inmensas. Un día durante el atardecer mientras el niño se encontraba en el agua, la alberca empezó a tornarse oscura hasta la mitad; la otra mitad se quedó clara, pues estaba iluminada por los tenues rayos. Ahí, de pronto, y sin que nadie más viera, salió una orca. Abrió su gigantesca boca, mitad oscura, mitad blanca, y se lo comió.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Yo tengo un secreto

No sé si deba contarlo, pero a éstas alturas, ¿ya que chingados no? Me está carcomiendo las entrañas. Hoy pensé en gritarlo, en matarme, pero soy una cobarde. Desperté, mi cuerpo lo hizo. Yo, sigo igual, somnolienta, dudando. Cómo extraño a mi familia, pero sé que no puedo volverlos a ver, no quiero que mueran, prefiero que vivan en lo poco que me queda de memoria y yo, morir. Lo que más recuerdo es la época de Navidad, cuando dejábamos las peleas atrás mis hermanas y yo, eran los días más perfectos. Me meto a bañar, me arreglo, como siempre, cargo mi arma y llamo para ver mi itinerario. Ser cuando se es lo que soy, dormir es como un parpadeo. A muchas les gusta maquillarse para verse más guapas, yo, odio verme bien, ojalá hubiese nacido deforme, así jamás me habrían llevado. Yo lo veía seguido por ahí, pasaba con sus amigos, bueno, con los de su trabajo. Me flechaba con cada mirada, y yo, me quedaba de tonta. Nadie se imaginaba que me iría con él. Yo soy extrema, a veces, hago lo que me place sin importar que alguien me lo prohíba. Su cabello largo me encantaba, porque cuando cogíamos le gustaba que se lo jalara, él me trataba como me gusta, me lamía con dulzura y con sentido, no como los demás tipos con los que yo había estado que me decían princesa y me acarician tierno, pero no tienen idea de lo que hacen durante el sexo. Ya después, me acariciaba la cara, me decía te amo. Antes, la madera me recordaba su olor, ahora me huele a azufre, su amor me huele a infierno a calor. Un día, él me dijo que nos fuéramos, que me enseñaría todo lo que sabe, y me fui. Poco tiempo después me ofrecieron un trabajo, más bien, me lo impusieron y ya ahí, me utilizaron. No comprendo cómo es que él no hacía nada, se quedaba viendo. Ellos me tocaban, me enterraban los dientes, me rasgaban la carne penetrándome, golpeaban mi libertad y mi mente estaba en él. Cuando te apuntan con un arma decides no hacer. Porque, ¿Y de que serviría? Si uno muere ya no está, ¿pero, que es la vida sin poder vivir? Me convertí en un arma, un objeto para uso cotidiano, estaba siendo carnada y el amor quedó atrás. ¿Sabes? A veces el amor es morir. Uno muere poco a poco, como cuando torturábamos a esas personas y su sangre caía gota a gota, chorreando el suelo y las paredes, así caían las lágrimas dentro de mí yo me desmoronaba. En la vida a veces hay que fingir. Degollé vidas, como la mía, como la tuya, como la de todos. Nunca pensé que haría éstas cosas, las miraba en pesadillas, pensé que estaban lejos de mí, que jamás me alcanzarían. Los sueños se vuelven realidad. Pero esto no es realidad, debo estar soñando ¿Quién soy? Ya ni sé. ¡Maldigo al olvido!. Aprender, es recordar, pero cuando se aprende a matar, se olvida todo. Un día tuve que cortar una cabeza, no fue en nada como mi primera lección. De ver se aprende, supongo que de tanto observar me volví profesional, sólo hay que encontrar y pasar por la espina. Supongo fue un talento de principiante, cómo cuando atinas al centro de la diana con una flecha la primera vez. Igual a los pendejos les excitaba la idea de una mujer asesinando. Recuerdo cuando fui libre… Yo tengo un secreto. ¿Y tú? (texto inspirado por un sueño y elaborado durante el laboratorio de escrituras invisibles después de mi recorrido por Tampico abandonado)