Lo primero que escuché en la mañana fue el despertador de mi celular y tuve que levantarme. Tenía escuela y aunque no tuviera ganas de ir debía ir.
Me lavé los dientes y me metí a la regadera. Al salir me miré al espejo y no me gustaba nada lo que veía. Mi cabello no me gusta, a veces quisiera que se pareciera al cabello de esa niña en mi escuela que me cae tan mal por que se cree más que los demás y en realidad es una tonta.
Tal vez no está en mis genes ser tan delgada como mi hermana. No es que alucine, pero soy gordita y chaparrita y el ser así no es muy bueno en estos días, no tengo novio y nadie me invita a salir. Yo digo que soy fea, pero mi mamá dice que soy linda. Ella lo dice seguramente por que me quiere.
Mi mamá me metió a clases de baile pero la verdad ni para eso soy buena, soy en pocas palabras un tronco, tengo como que dos pies izquierdos. Una vez intente ir al gimnasio pero todas las chicas me miraban como pensando ¡que gorda esta esa! Y mejor ya no fui.
Abrí mi closet, pero no hallé nada que me gustara, ya necesito nueva ropa, por que nada me queda.
Los pantalones me quedan demasiado ajustados de la cintura y mi trasero, ¿Qué digo? ¿cuál trasero? Si ni siquiera tengo.
Las blusas me quedan mal de arriba, no puedo usar escotes por que no tengo nada de busto. Cuando tenga dinero me pagaré la cirugía de las bubíes y escogeré silicones del 36 D, o tal vez más grandes.
Finalmente encontré algo que disimulaba mis lonjitas y zapatos que me hicieran ver más alta y me fuí para la escuela.
Sentía que me caía de sueño en clases por que me había desvelado ya quería salir al receso para almorzar.
Al fin sonó el timbre y me reuní con mis amigas las únicas que me aceptan como soy y no me critican. Estábamos en la cafetería y pidieron de almorzar pero recordé que desde ese día estaría a dieta.
Cuando llegué a casa mi mamá había cocinado mi comida favorita pero decidí no comer de nuevo le dije que había comido en la escuela y que no me sentía con ganas de comer. Ella me creyó.
Así varios días me escabullí para no comer y sólo comía cosas ligeras, todo se sentía normal, aunque a veces un poco más cansada de lo normal.
En ocasiones, para que mi mama no sospechara nada ni se preocupara, comía, pero después vomitaba la comida, al fin para que la quería, si sólo me engordaba más.
Busqué en internet consejos, después de todo en Internet hayas lo que sea, y al parecer muchas niñas de mi edad hacen lo mismo y no les pasa nada malo.
Claro a algunas sí, pero a mí no me sucedería nada porque todo lo tenía bajo control. Me tomaba fotos y podía ver el cambio. Ya podría usar traje de baño por que estaba más delgada y lo estaría aún más…
Bienvenido a mi espacio de sueños, cuentos, poemas, opiniones y más. Que esos besos que tienes guardados sean para alguien especial, que tus besos aferrados sean correspondidos siempre. Déjame un comentario.
martes, 8 de octubre de 2013
sábado, 8 de junio de 2013
Soy suicida
Soy suicida cuando pienso que se acaba mi mundo.
Si estoy contigo a pesar de saber lo que viene.
Me quiero suicidar con tus dientes,
que se claven fuerte,
que me corra la sangre del cuello al vientre.
Quiero huír de tus abrazos,
quiero ser libre de tus huesos,
saber que moriré después de estar juntos,
quiero irme si te beso
Que me quemen viva para sentir la piel,
la que no siento desde haberte visto.
Me suicidaré con libros, con poemas
con palabras que yo improviso.
Me he cortado las venas con hojas de cuadernos,
me arde el interior por no tenerte.
Me quiero suicidar,
quiero morir.
Para no volver a verte.
Si estoy contigo a pesar de saber lo que viene.
Me quiero suicidar con tus dientes,
que se claven fuerte,
que me corra la sangre del cuello al vientre.
Quiero huír de tus abrazos,
quiero ser libre de tus huesos,
saber que moriré después de estar juntos,
quiero irme si te beso
Que me quemen viva para sentir la piel,
la que no siento desde haberte visto.
Me suicidaré con libros, con poemas
con palabras que yo improviso.
Me he cortado las venas con hojas de cuadernos,
me arde el interior por no tenerte.
Me quiero suicidar,
quiero morir.
Para no volver a verte.
sábado, 14 de mayo de 2011
Polvo de hadas
Julián despierta en un lugar desconocido, recostado entre hojas secas y bajo un cielo enrojecido se pregunta donde podría estar.
De alguna forma se siente tranquilo y sin cansancio.
Partículas de ceniza vuelan por la atmósfera cayendo sobre el suelo y sobre él luces rojas, como de fuego, parecía que alguna llama se consumía cerca.
Algo pasó sobre su rostro rápidamente, parecía una pequeña estrella fugaz, un espectro de un color indefinido.
Entre plateada y azul la luz de pronto se acercó y con ella trajo más.
Julián difícilmente podía percibir lo que sucedía, sus párpados estaban apenas entreabiertos.
Hizo el intento y abrió más sus ojos, eran hadas, auténticas hadas, tan hermosas que su belleza hizo sentir a Julián calma y paz crecientes en su interior.
Se levantó del suelo y las hadas se dirigieron hacia donde el fuego resplandecía, lo hacían de una forma tan sobrenatural , tan bella, parecía que sus cuerpos etéreos flotaban en el viento.
Caminó lentamente, como un zombie por la noche, como un muerto que volvió a la vida, hipnotizado por el aroma a flores, la humedad de su cuerpo lo dirigía.
No estaba seguro de lo que ocurría, pues era como un sonámbulo deambulando, más la curiosidad que lo invadía le provocó querer descubrir la llama entre los árboles, quería ver de más cerca y bien a esos preciosos seres de ensueño.
En medio de ramas y zacate crecido Julián se detuvo temeroso para percibir lo que pasaba...
Las hadas danzaban en torno al fuego.
El calor que producían con su baile era muy intenso.
Julián comenzó a sentir tanto calor que se empezaba a sofocar, pero las hadas eran tan hermosas...
Sus cuerpos tan perfectos y sus movimientos tan hechizantes impedían que Julián dejara de mirar.
Las hadas llamaron a Julián, querían tenerlo cerca, querían que formara parte de su danza nocturna, lo querían en su mundo...
Todo era bello, el firmamento, la luna, el resplandor del fuego, la música que producían con sus cuerpos en el viento, el bosque. Todo era bello.
Una de las hadas se situó cerca de él, frente a su rostro sonriendo y mirándolo fijamente el semblante tan pasivo de dicho ser de luz comenzó a cambiar.
Se transformó en un ser horrible que transmitía temor e inquietud.
El hada quería hacerle daño.
Sus ojos ahora eran distintos, como dos cavidades rellenas de deseo y posesión.
Julián asustado quiso correr, pero las hadas lo rodearon, todas horribles y molestas buscaban lastimar a Julián.
Querían saciar su sed de venganza por que el había irrumpido en su hogar. El bosque de las hadas.
Logró salir del círculo de estos seres espeluznantes y corrió.
Todo se asemejaba a un sueño, ya que sus zancadas aunque largas, no lograban avanzar mucho. Era como si el tiempo se detuviera en sus piernas.
Huía por el bosque sombrío, la oscuridad casi no le permitía ver nada, lo que hizo que no mirara una rama atravesada a su paso y tropezó.
Al caer despertó tirado en la sala (tan solitaria y triste).
Una sensación de calor inmenso recorría su cuerpo y la sangre corría helada por sus venas, sentía que iba a explotar, quiso moverse pero su cuerpo era pesado y débil.
Sus ojos ya no le pertenecían, perecían perder el control, sentía Julián que se saldrían de sus órbitas.
Su corazón latía tan rápido que su pecho se expandía y entre tanto descontrol pudo notar la bolsa de polvo sobre la mesa de la sala y parte del polvo cristalino regado sobre su cuerpo.
Recordó haberlo inhalado.
Recordó haberse sentido nada.
Y poco a poco, Julián fue perdiendo la fuerza...
De alguna forma se siente tranquilo y sin cansancio.
Partículas de ceniza vuelan por la atmósfera cayendo sobre el suelo y sobre él luces rojas, como de fuego, parecía que alguna llama se consumía cerca.
Algo pasó sobre su rostro rápidamente, parecía una pequeña estrella fugaz, un espectro de un color indefinido.
Entre plateada y azul la luz de pronto se acercó y con ella trajo más.
Julián difícilmente podía percibir lo que sucedía, sus párpados estaban apenas entreabiertos.
Hizo el intento y abrió más sus ojos, eran hadas, auténticas hadas, tan hermosas que su belleza hizo sentir a Julián calma y paz crecientes en su interior.
Se levantó del suelo y las hadas se dirigieron hacia donde el fuego resplandecía, lo hacían de una forma tan sobrenatural , tan bella, parecía que sus cuerpos etéreos flotaban en el viento.
Caminó lentamente, como un zombie por la noche, como un muerto que volvió a la vida, hipnotizado por el aroma a flores, la humedad de su cuerpo lo dirigía.
No estaba seguro de lo que ocurría, pues era como un sonámbulo deambulando, más la curiosidad que lo invadía le provocó querer descubrir la llama entre los árboles, quería ver de más cerca y bien a esos preciosos seres de ensueño.
En medio de ramas y zacate crecido Julián se detuvo temeroso para percibir lo que pasaba...
Las hadas danzaban en torno al fuego.
El calor que producían con su baile era muy intenso.
Julián comenzó a sentir tanto calor que se empezaba a sofocar, pero las hadas eran tan hermosas...
Sus cuerpos tan perfectos y sus movimientos tan hechizantes impedían que Julián dejara de mirar.
Las hadas llamaron a Julián, querían tenerlo cerca, querían que formara parte de su danza nocturna, lo querían en su mundo...
Todo era bello, el firmamento, la luna, el resplandor del fuego, la música que producían con sus cuerpos en el viento, el bosque. Todo era bello.
Una de las hadas se situó cerca de él, frente a su rostro sonriendo y mirándolo fijamente el semblante tan pasivo de dicho ser de luz comenzó a cambiar.
Se transformó en un ser horrible que transmitía temor e inquietud.
El hada quería hacerle daño.
Sus ojos ahora eran distintos, como dos cavidades rellenas de deseo y posesión.
Julián asustado quiso correr, pero las hadas lo rodearon, todas horribles y molestas buscaban lastimar a Julián.
Querían saciar su sed de venganza por que el había irrumpido en su hogar. El bosque de las hadas.
Logró salir del círculo de estos seres espeluznantes y corrió.
Todo se asemejaba a un sueño, ya que sus zancadas aunque largas, no lograban avanzar mucho. Era como si el tiempo se detuviera en sus piernas.
Huía por el bosque sombrío, la oscuridad casi no le permitía ver nada, lo que hizo que no mirara una rama atravesada a su paso y tropezó.
Al caer despertó tirado en la sala (tan solitaria y triste).
Una sensación de calor inmenso recorría su cuerpo y la sangre corría helada por sus venas, sentía que iba a explotar, quiso moverse pero su cuerpo era pesado y débil.
Sus ojos ya no le pertenecían, perecían perder el control, sentía Julián que se saldrían de sus órbitas.
Su corazón latía tan rápido que su pecho se expandía y entre tanto descontrol pudo notar la bolsa de polvo sobre la mesa de la sala y parte del polvo cristalino regado sobre su cuerpo.
Recordó haberlo inhalado.
Recordó haberse sentido nada.
Y poco a poco, Julián fue perdiendo la fuerza...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
